Historias con buena energía: más de 120 escuelas rurales emplean fuentes renovables

En zonas remotas de las sierras de Córdoba, donde no llega la electricidad, los chicos tienen luz, computadoras y televisores en las escuelas.

La profesora Norma Brito todavía se acuerda del día que los paneles solares reemplazaron al viejo generador eléctrico. A partir de ese momento, muchas cosas cambiaron en la escuela de Los Cerros, un pequeño paraje de la Pampa de Achala, a 2.000 metros sobre el nivel del mar, donde la piedra y el pajonal dominan el paisaje.

Contar con luz por la noche significó todo un avance para esta escuela, que además de educar da albergue a 22 chicos de la zona. Más tarde vinieron las computadoras y el acceso a Internet, que los alumnos ahora emplean como un recurso en clase y, en horas libres para escuchar música, conocer otras realidades y entrenarse en la red.

La energía renovable, además, posibilitó que las familias del lugar tengan dónde cargar sus teléfonos celulares. En este punto remoto de la geografía cordobesa  -la ruta más cercana queda a 45 kilómetros- no llega la red eléctrica, de ahí que los pobladores acudan a lámparas de gas (o kerosen) y velas para alumbrarse en sus casas.

La instalación del establecimiento educativo consta de 60 paneles solares fotovoltaicos de 4,8 kW de potencia, con dos inversores de 3 kW y doble banco de baterías tubulares de 1000 Ah, equipamiento que instaló el Gobierno en el marco del Proyecto de Energías Renovables en Mercados Rurales (PERMER).

La llegada de la tecnología “fue muy importante, porque con el grupo electrógeno teníamos electricidad por unas horas, rápidamente se consumía el combustible (diésel) y todo era muy limitado. Ahora hay luces prendidas en el patio durante la noche, tenemos heladeras y freezer, cosas que no había cuando entré a trabajar”, relató a Vía Renovable Brito, que enseña desde hace ocho años en la escuela serrana .

La escuela cuenta con niveles primario, al que asisten 13 niños, y secundario, con otros nueve. Ocupan el mismo edificio, pero tienen distinto nombre: Ceferino Namuncurá e Ipem 285 anexo Los Cerro, respectivamente.

Por las bajas temperaturas del invierno serrano, las clases se extienden de septiembre a junio. Entre este mes y agosto, es el periodo de vacaciones, al revés del resto de los colegios cordobeses.

“Tenemos alumnos que viven a más de una hora de la escuela. Por la neblina, y a veces la nieve, a  los chicos se les complica llegar, por eso se quedan a dormir de lunes a viernes”, agregó la docente. A menudo los cultivos se congelen, de ahí que la base de la subsistencia familiar sea la cría de ovejas.

Ahora la escuela tiene un proyecto en gestación que apunta a criar gallinas para el consumo propio y de algunas familias. Con chapas y plásticos, el profesor Leandro Bello ya levantó un corral en un rincón del predio escolar. Adentró puso cuatro o cinco lámparas, que funcionan con energía renovable, y darán calor y luz a las aves. En los próximos días, Bello llevará  60 pollitos que criará con alumnos y otros docentes.

Sin red eléctrica, pero con mucho sol

En Córdoba existen más de 120 escuelas abastecidas con energías renovables, una iniciativa impulsada por Ministerio de Agua, Ambiente y Servicios Públicos, a través de su Dirección General de Energías Renovables y Comunicación.

Como puntualizó el titular del organismo, Sergio Mansur, estas tecnologías permiten brindar una solución en  comunidades aisladas de los centros urbanos, donde no llega las redes de distribución eléctrica. Allí, las fuente limpias resultan una alternativa viable tanto en términos técnicos como económicos, aunque es clave la inversión del Estado para promover su desarrollo.

Puesto en marcha en el año 2000, programa comenzó con la adopción de paneles solares y aerogeneradores para alimentar sistemas comunicación de VHF. Luego, con la instalación de equipos de más potencia se pudo brindar iluminación y, más cerca en el tiempo, incorporar heladeras, televisores, reproductores de DVD, proyectores de video y computadoras.

Esta acción se lleva adelante en colaboración con el programa. PERMER, dependiente del Estado nacional, que tiene a su cargo las licitaciones e instalaciones de los generadores. Mientras que la Dirección realiza el mantenimiento y el relevamiento de nuevas necesidades.

En Argentina, cerca de 1,2 millones de habitantes (el 5% de la población) no tienen acceso a servicios de energía eléctrica, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (2016). En Córdoba, las escuelas alcanzadas se encuentran fundamentalmente en la región del norte y el oeste, y en menor medida en puntos retirados del sur y del este provincial.

Por estos días, el organismo provincial está concluyendo un proyecto para ampliar la cobertura del programa, que sumará 91,4 kilovatios de energía limpia. “Estamos preparando las especificaciones para una licitación que saldría por el programa Permer II, y abarca a 57 escuelas, nueve Centros de Atención Primaria de la Salud y cuatro repetidoras de comunicación”, adelantó Víctor Moyano, jefe del Área de Comunicaciones de la Dirección.

Al pie del Cerro Champaqui, se ubica la escuela albergue Florentino Ameghino, otro de los establecimientos con energía solar.

El taller de instrumentos en las nubes

Unos 55 kilómetros al noroeste del colegio Los Cerros, también en medio de la pétrea inmensidad de la Pampa de Achala, se encuentra el Ipem 285 anexo La Ventana, una escuela albergue que se abastece mediante energía solar fotovoltaica. Allí funciona el nivel medio (con ciclos Básico y de Especialización) donde estudian 28 chicos y la escuela primaria Padre Liqueno, con dos alumnos,

Para Marcos Gemesio, coordinador del nivel medio, las ventajas de las energías renovables en los ámbitos rurales son varias. “La primera es la reducción de los costos. Por más que esta sea una escuela, es una cruzada que todos tenemos que hacer para bajar gastos. En segundo lugar, estás produciendo energía sana, que no contamina y es renovable; el perfil de la escuela es agroambiental, y dado el contexto en el que está localizada, nuestro objetivo es que trabajar fuerte lo medioambiental. Somos vecinos del Parque Nacional Quebrada del Condorito y la escuela está enclavada en la reserva hídrica de Pampa de Achala”, dijo.

Los 60 paneles fotovoltaicos (generan 4,8 kW) alimentan la iluminación, heladeras y un sistema de comunicación por radio. Como muchas escuelas urbanas, también cuenta con notebooks, cañón, filmadora y cámara digital e incluso Direct TV, que se utilizan a diario.

Pero a diferencia del resto, tiene un taller de lutería donde los chicos confeccionan y arreglan instrumentos musicales. Como contó Gemesio, el proyecto comenzó con la idea de un docente de la institución que apuntaba a reciclar partes de bancos, mesas o muebles de madera en desuso. El trabajo de los chicos fue transformando pedazos de tabla y varillas en guitarras y bajos, muy rústicos al principio y más elaborados a medida que fueron ganando experiencia.

La “fábrica de instrumentos” se parece a un taller de carpintería, con las herramientas del oficio desplegadas sobre las mesas: taladros, sierra sin fin y sierra circular, amoladora y caladoras, que se enchufan a la “electricidad renovable”; o herramientas manuales, como formones, cepillos, prensas y un banco de carpintero.

Además, docentes y alumnos están embarcados en la creación de un Centro de Interpretación, que será una suerte de museo en la escuela que reunirá relatos, saberes, tradiciones y costumbres de la Pampa de Achala. El trabajo implica “recopilar historias, recuperar material fotográfico, apelar a la memoria de los mayores. La escuela es el único centro cívico de la zona, donde recae toda la historia de Pampa de Achala”.

“Como la idea es documentar todo esto, los chicos estuvieron haciendo entrevistas a lugareños sobre sus usos y costumbres, y ahora las están editando. Con esto apuntamos a reforzar la identidad, en una zona que cada vez se está despoblando más”, apuntó el docente.

 

 

 

 

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