Del criadero de cerdo al biogás: la experiencia de una escuela técnica de Monte Buey

Con el apoyo de la embajada de Alemania, la localidad del sudeste provincial lleva adelante un proyecto para aprovechar los efluentes de origen pecuario como fuente de energía.

Con una experiencia piloto en el Instituto Técnico Agrario Industrial (Itai) de Monte Buey, la Municipalidad de esa localidad, de 7500 habitantes a 260 kilómetros al sudeste de la capital provincial, impulsará el uso de biodigestores para el tratamiento de efluentes de criaderos de cerdos y aprovechamiento de la energía.

Monte Buey y su zona de influencia tiene como núcleo productivo la cría de cerdos. Hay unas 124.000 cabezas en la región, lo que fundamenta la decisión de la Municipalidad. Olivia Antonio, asesora del área de Gestión de Residuos de la comuna, explicó a LA NACION que la primera experiencia es con un biodigestor de 25 metros cúbicos para el criadero de Itai, que cuenta con 200 animales.

Con el equipamiento podrán procesar la mitad de los efluentes que generan y tendrán una capacidad de producción de gas de entre 5 y 20 metros cúbicos. “Les permitirá calefaccionar la maternidad, aprovechar para el consumo interno de los empleados, pero no para vender a la red, por ejemplo”.

Analizaron distintas posibilidades de equipos, uno de tecnología tubular, otro de fibrocemento y finalmente se inclinaron por uno modular que se arma en dos días. La embajada de Alemania, país donde hay un fuerte desarrollo de las energías renovables, se interesó en el proyecto y financió el 70%. El resto de los US$ 16.500 que cuesta lo pusieron entre la escuela y la Municipalidad.

El biodigestor Ephesus es diseño de una empresa nacional, instalada en Buenos Aires. Es la misma que trabaja con Huinca Bio -sociedad integrada por la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe) y la Cooperativa de Electricidad Huinca Renancó-, que ya tiene capacidad instalada para producir 300 Kw/ hora a partir del procesamiento de entre 6 y 7 toneladas de basura orgánica, que se “mezclan” con la producción de 200 hectáreas de sorgo, un híbrido forrajero azucarado.

“La idea es impulsar la biodigestión en la región como una solución al tratamiento de efluentes. Un equipo de 500 metros cúbicos, para un criadero de 500 madres, cuesta alrededor US$ 150.000; estamos viendo la posibilidad de que los productores lo puedan pagar en cuotas para que el modelo se expanda”, contó Antonio.

Agregó que los criaderos están interesados en el modelo. “Siempre quisieron empezar pero no estaba muy clara la división entre los objetivos de tratar los efluentes y aprovechar el gas. Vamos a tratar de avanzar ahora”, señaló.

Fuente: La Nación

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